Me cansé de guardar mis dibujos en un cajón y los puse al lado de textos sin mucha importancia sobr

domingo, 20 de febrero de 2011

No le des de comer a las bestias

 Encuéntrame a la orilla de los ríos que suelo detenerme a mirar, encuéntrame en mis silencios, esos que parecen ser cada vez más profundos. Encuéntrame jugando con ellas, observándolas de lejos. Si, se están muriendo de hambre. Si, ya están fatigadas, suelen desmayarse sin poder controlar la corriente que las lleva hacia el fin de sus vidas. No se han dado cuenta que de tanto fastidiar se pudren por dentro. No hay que darles nada… No le des de comer a las bestias, viste que si te pescan de un mordisco pueden tomar tu mano y luego continúan con el brazo.
¿Cazarlas? ¿Para qué rebajarse tanto? Ni siquiera su carne es rica, no vale la pena gastar trampas ni esfuerzos en atraparlas. Las águilas no cazan moscas, ellas fueron hechas para volar por los aires, no para arrastrar tierras en sus patas de ave solo para intentar agarrar un poco de comida, las águilas buscan la oportunidad o la reciben en lo alto.
Mejor ignorar esas pequeñas e insignificantes bestias, esas que pasean con disfraces sin valerlos, esas que dejan la arrogancia en los aires mientras sus cabezas se siguen llenando de aire podrido, de ganas de morder a la gente, que sigan soñando con venganzas y pérdidas de tiempo, mientras el río cargado de eterna nada y mediocridad se las lleva… Es hermoso contemplarlas desde este silencio en tierra firme, con esa misma indiferencia con la que se contempla el agua.

miércoles, 26 de enero de 2011

domingo, 9 de enero de 2011

Se Nos Perdió El Sur

Cuando se planifica un viaje, se mira a destino, se acomoda el origen. Cuando se arma una mochila, se lleva nuestras segundas pieles más importantes, en muchas ocasiones pueden sobrar durante la estadía, en otras extrañaremos aquellas de las que por descuido nos olvidamos. Una foto, algo de música para el viaje, un buen libro, un par de amuletos que no necesitaremos. El peso nos excede, y apenas podemos lanzarnos a esos lugares recónditos, tenemos la necesidad de desconectarnos de todo ese sur e ir hacia el norte de esta temporada.
Se me perdió el sur, se me olvidó de donde venía, me perdí y un mapa no supo ayudarme, no quiso seguir la aventura conmigo. Se me perdieron las ideas, me dejé guiar por el Sol y el viento. Me sentí tan sola, pero luego vi que los autos iban cargados de perdidos, que solo recordaban que querían ir hacia un solo lugar, y en el ánimo de superarse, se les perdió su origen, creyendo que ese destino era lo único que valía la pena.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Lo Insegurable

 Hace unos años contraté una póliza. La cobertura es extensa, y tiene vigencia hasta el día de hoy. Les cuento;
-Aseguré mi casa; quien sabe si alguien un día la toman, la desentierra, le quitan las fundaciones, sea parte de un carro alegórico o un set de televisión. Quiero mi casa segura y siempre convertida en casa. No saco nada con describir que pasaría con ella participando en un incendio, terremoto o huracán.
-Aseguré mi auto; imposible regalarlo para la práctica de alunizajes, mucho menos convertirlo en chatarra, naves espacial o cualquier tipo de pieza faltante para intentos de naves espaciales universitarias. Si le robasen las ruedas, quedaría como casita para niños en los juegos de arena, no, que horrorosa visión.
-Aseguré mi dinero; tomé un seguro adicional, además de la seguridad que una larga fila en el banco me pueda dar. Aseguré el plástico y el metal, aseguré hasta las letras sobresalientes con mi nombre, los sellos de agua, aseguré la tinta y los colores. Tomé un seguro adicional para que las cifras no cambien con el paso del tiempo, y así desaparezcan mis fondos. Aseguré la cordura con la que debo ocupar cada peso, aseguré su pérdida sin explicaciones y aseguré mi sensatez para no prestar más de lo razonablemente aceptado.
-Aseguré mi salud; aseguré mi baja probabilidad de tener algún accidente, aseguré mis buenos genes para no contar con extrañas enfermedades, aseguré tener una buena silla en la sala de espera. Aseguré la pérdida de cualquier órgano o extremidad.
Todavía no ha sucedido nada de lo que podría pasar y la póliza cubra mis gastos. Sigo pagando todos los meses esperando utilizar al fin mi parte necesaria, que algo suceda, y aunque nunca evite que sucedan, espero con ansias el momento de hacer uso de esta póliza y todos esos papeles y trámites…