Me cansé de guardar mis dibujos en un cajón y los puse al lado de textos sin mucha importancia sobr

martes, 11 de mayo de 2010

Oh! Premiado Tedio

13OhPremiadoTedioEl mundo ofrece todos los días a mediodía el más grande de sus espectáculos; una asombrosa demostración de sus máquinas y sistemas automáticos. Millones de procesos se llevan a cabo en el momento en el que cada espectador, previo pago de su entrada, entra a ese enorme teatro lleno de cables y electricidad, modelos de última generación, por primera vez presentados y todos listos  para facilitar el trabajo de los humanos, o bien para reemplazarlos y así correrlos de sus funciones.

La figura de Doris es casi símbolo de otros tiempos, una especie de espejismo entre tanta tecnología, un fantasma tímido y tan mecánico como las máquinas que invita a conocer. Es una de las pocas personas que trabaja para este espectáculo. Su papel es la de vender las entradas a los curiosos que se osen de entrar a esa sala envuelta de modernos artefactos. Ha sido nombrada empleada del mes, del año y de la década, ya que su constancia ha hecho de ella una pieza más de esta gran maquinaria encargada de presentar el futuro a sus visitantes. Su labor es siempre la misma, y su salario solo ha variado de acuerdo a los reajustes.

Hoy es un día especial; luego de años de sacrificios por este monótono trabajo, el dueño de esta maquinaria ofrece espectáculos, le dará un gran bono equivalente a lo que ella ganaría en diez años, todo por su constancia de hacer día a día, instante a instante, la misma y estúpida acción de vender entradas. Guarden silencio, que ella no lo sabe, y lo que es peor, su jefe no sabe que ni esa enorme cifra de dinero calmará la frustración de Doris por tirar los mejores años de su vida al tacho de la basura.

Panchulei

domingo, 9 de mayo de 2010

Mirar por Sobre el Sombrero

12MirarPorSobreElSombrero

He lamentado durante toda mi vida, haberme topado con esa especie de personas dispuestas a terminar con tu mejor forma de ser y vivir, cargándote de comentarios inútiles y casi enfermizos, que ven el detalle de cada cosa, la pelusa de tu abrigo, el resorte que se escapó de tu antiguo colchón, el broche que ya no cierra, la uña que no alcanzaste a cortarte, el rastro de pastel que hay encima de tu sombrero. No les basta que lleves botones de oro ni botas de cocodrilo, porque para ellos lo defectuoso tiene muchísimo más valor en el momento de llevar su análisis a cabo. La cantidad de saliva y rabias malgastadas en la brusca búsqueda del defecto es asombrosa; para analizar la vestimenta pueden tomarse de cinco minutos a dos horas, para ver que hay detrás del tono de voz y la forma de hablar bastan de dos a treinta minutos, para increpar sobre tu forma de vivir fácilmente pueden tardar de cinco horas a dos semanas, y para que hablar del análisis que se lleva a cabo para ver como es tu desempeño como trabajador, pueden tardar de una semana a veinte años, ¡realmente impresionante!.

Para hacer de forma más rápida la identificación de esta clase de sujetos, he optado por llamarlos “los falsamente detallistas”, ya que para mí el detalle es un arte exquisito utilizado de buena forma para rellenar vacíos de la vida cotidiana y no para apocarlos ni hacerlos aún más caóticos, a diferencias de estos fijones que se gastan la vida maldiciendo torpezas ajenas que coleccionan como estampillas de filatelia.

Panchulei

jueves, 6 de mayo de 2010

Extraño Para Quien no Sabe

11ExtrañoParaQuienNoSabe¿A quién encarnarías si te lo propusieran? ¿Que silencio final darías luego de escoger alguna frase? ¿Haz sacado alguna parte del mundo que hay en ti y lo haz dibujado? ¿O haz dejado la mitad de tu vida por tan solo un momento? Tal vez son los exactos dos segundos antes de la apertura de ese telón físico o imaginario, esa separación que puede ser mental o de carne que se diluye cuando materializas en una huella eterna o un segundo tan fugaz como una estrella eso que no todos entienden. Esa mirada delirante, ese escape de la conciencia, ese regalo que haces a todos para que queden pasmados en tu inmensidad, pero que de pronto en la crudeza de los otros puede significar nada. Porque desde el instante de la concepción de una idea, pasamos a ese mágico proceso de creación, que no es más que el hermoso arte de descubrir que hay detrás de ella, darle una forma, o de pronto dejarse llevar por la creación de otro, inmiscuirse en lo que el creador ha querido expresar para hacerlo propio y darle una nueva interpretación a eso que es extraño para quien no sabe lo que es tener la mitad del mundo en sí.

Es una actividad sin garantías, sin devoluciones, sin clientes, pero con una ola enorme que te puede sumergir en millones de nuevas interpretaciones, de dudas surgidas a través de las mismas dudas que surgieron con la concepción de la idea, es la razón de la apreciación, es la valoración de lo bello. ¿Pero que le pasa a quien se dedica a ser un instrumento de traspaso? Esa persona tiende a ser la mal comprendida, la sumergida en sensaciones, la marioneta, el flujo de adrenalina y la explosión final del tiempo. Para quienes son carentes del oficio en los escenarios y de la suciedad de colores que mancha todo el cuerpo, todo esto es extraño, toda la catarsis de la que son espectadores queda en la experiencia de contemplar esa belleza, y no logran entender jamás como las sensaciones se transforman en materialidad. ¿Cómo vemos a los artistas? ¿Cuánto valor tiene el ser pequeños dioses autores de nuestras propias creaciones?

Panchulei

miércoles, 5 de mayo de 2010

Aunque te lo Explique Nunca lo Entenderás

10AunqueTeLoExpliqueNuncaEntenderasAún recuerdo esa mano, esa caminata que aunque fuera del jardín infantil a la casa, se transformaba en toda una aventura llena de invencibles, de rutas secretas, de manjares disponibles a merced, un camino cargado de enseñanzas y largas conversaciones, donde hablábamos de lo nuevo que había aprendido, de lo bien que me había portado, de las cosas que te quedaban por hacer y de tu silencio. Y aunque te fuiste un día de invierno, como una gotita de lluvia escurridiza por la ventana, aún recuerdo ese lazo tan especial y que con tan solo un “good morning” todas las mañanas iluminabas mi habitación.

Tantas cosas he sabido de ti, como de tus juguetes, aficiones e intereses. He descubierto como un milagro tus viejos dibujos, y aún conservo como un gran tesoro un lápiz gordo con el que supongo alguna vez hiciste un boceto. Tú nunca viste mis dibujos, no sé que pensarás de ellos, pero me basta observar mi mano sobre los tuyos para saber de donde heredé esta manía. A veces me avergüenzo por haber hurgueteado tus cosas cuando ya no estabas y para el resto solo eran un montón de cachureos. Pero no te preocupes, que aún da la temperatura y brilla como el oro de los dioses tu pequeña guitarrita. El reloj está bien, no anda, pero está bien. Y siempre he hablado bien de ti, eres mi héroe.

A ratos me imagino que pasaría si aún estuvieras aquí… de pronto así fue mejor. Los más de 70 años de diferencia nos habrían traído más de un problema, y que importa, si en la vida nada de eso vale. Creo que contigo compartí mucha complicidad, es como sentir que entre nosotros muchas generaciones se quemaron, y me alegro que tú hayas estado el principio de mi vida, así como yo estuve al final de la tuya. Al medio hubieran existido muchas cosas inexplicables, líos generacionales inconciliables, cosas que nunca nos podríamos haber explicado. Al final de cuentas, ¡qué carajos sabía yo de tú generación y tú de la mía!. Nunca hubieras entendido este milenio, así como nunca entendí tu sombrero. No sé si te hubiera gustado que hasta el día de hoy supiera de tantas herramientas y fierros, no sé de que cosas hablarías, ni en que gastaríamos el tiempo. ¿Aún existiría alguna lámpara que arreglar en casa? ¿Aún podrías seguir enseñándome cosas? O bien, ¿qué cosas te estaría explicando en vano? ¿Qué misterios de los años veinte tratarías de explicarme?. Hay un abismo entre nosotros, pero a pesar de eso siento tus saludos por la mañana, tu mano al medio día, tu jugo de naranja por la tarde y tus caricias al llegar la noche.

Panchulei

martes, 4 de mayo de 2010

La Máquina Mueve Sesos

09LaMaquinaMueveSesos Cuando fui al último cumpleaños de mi mejor amigo, su abuelo comenzó a contar extrañas historias de la ciudad. Una de ellas era la del proyecto de la máquina mueve sesos. Hace muchos años, un connotado empresario, dueño de una empresa de informática había invertido toda su fortuna en tecnología soviética. En un comienzo solo se quedó con la premisa de que podía ser una poderosa herramienta para mejorar la productividad de sus trabajadores, y no contaba con las advertencias necesarias de los efectos secundarios de este sistema. El puerto fue el testigo de la llegada de gigantes engranes y tornillos sinfín y desde el aeropuerto llegaban cientos de técnicos especializados en el montaje y la puesta en marcha de esta gran mole. Luego de cuatro años de trabajo y armado de la máquina, el antiguo edificio donde se localizaba la empresa, comenzó a sufrir radicales transformaciones. Su altura se duplicó, pero sin continuar la línea de construcción; parecía que desde el piso 13 salían enormes cachos negros con forma de corona, mientras las ventanas perdían su forma rectangular común y sus alféizar comenzaron a curvarse.

Una vez que la máquina estaba completamente montada, descubrieron que toda esta tecnología había sido vendida a tan bajo precio porque aún no había sido testeada, por lo que se puso en marcha una serie de pruebas para comprobar su eficacia. Partieron experimentando con ratas y pequeños engranes incrustados en sus cabezas. El resultado fue que en vez de ser capaces de dar 658 vueltas al día en su rueda, cuando estaban conectadas a la máquina, eran capaces solo de dar 231 vueltas al día, pero sorpresivamente agrupaban las maravillas en formas geométricas. Luego experimentaron con gatos, y a pesar de hacerlos más lánguidos, gracias a la máquina comenzaron a modular su maullido a tal punto de llegar a decir palabras como “quiero”, “necesito”, “mamá”, “colaboro” y “maña” de forma muy educada y acordes al momento. Superando estas pruebas, experimentaron con el primer grupo de humanos; eran quince, todos hombres entre 20 y 35 años, solteros y sin hijos. Abrieron sus cráneos y sin problemas instalaron el engrane en los sesos de cada uno de ellos. La primera semana, todos aquellos hombres que solían trabajar alrededor de cuarenta horas semanales en el departamento de programación y eran sometidos a estas pruebas, no sufrieron ningún tipo de cambio en su desempeño y necesidades básicas. Pero bastaron solo unos días más, para notar cambios realmente considerables. Los primeros fue acortar el tiempo de programación exitosa de veintitrés horas de trabajo a tan solo dieciséis y media. A la tercera semana, ya eran casi súper hombres y demoraban solo nueve horas en realizar su trabajo. Cuando los alcances llegaron a reducir los tiempos de trabajo y así mejorar la productividad a tan solo cuatro horas, aquel orgulloso e importante empresario, se dio cuenta que el someter largas horas al día a los quince hombres de programación a esta tecnología tenía varios efectos adversos, como la conversión de pequeñas partes del cerebro a pequeñas partículas de cenizas, las manos se hinchaban y el pelo se caía. Como las organizaciones de derechos humanos nunca tardan demasiado, apenas se enteraron de esta noticia intentaron boicotear las pruebas, y aunque a ellos les fue imposible, el olor a sesos quemados apestaba tanto, que sus propios vecinos fueron los encargados de prohibir la actividad en la zona, por lo que el edificio fue demolido y el exitoso empresario nunca más se orgulleció gracias a este fracaso a cuestas. Solo logró rescatar algunos engranes y un potente motor, aislarse y tener a solo algunos afortunados quema cocos en una nada llamativa oficina ubicada al lado del antiguo lugar de los hechos, claro que esta vez van sentados frente a computadores de última generación juntos a un excelente sistema de ventilación.

Panchulei